A última hora del viernes, y con los mercados cerrados, se me ocurrió mirar en mi segundo broker si se me había cancelado la orden de compra que había puesto, pero resultó que entró, por lo que desde el viernes soy el orgulloso poseedor de una nueva empresa.
Como si de una saga se tratara, he aquí que a finales nos hemos encontrado con un nuevo episodio del superdividendo. Otra vez se repite la misma historia, la misma película, y esta vez no han sido ni Dinamia, ni Lingotes Especiales, ni Montebalito.